Me gustaba el sabor de sus mensajes por la mañana. Digan lo que digan, las palabras no son insípidas, ni mucho menos incoloras. Las que me escribía tenían un aroma exquisito, parecido al de las galletas recién horneadas. Las noches espléndidas endulzaban aún más las oraciones del día siguiente; empalagaban a quien las entendiese, menos a mí, yo quería más. Cuando había molestias, las letras eran agridulces, porque jamás dejaban de agradar a mi paladar, nunca lo lastimaban gran cosa.
Cada día, desayunaba sus expresiones, las palabras llenaban de azúcar mi sangre y yo así, funcionaba mejor, volaba más alto. Aquello era una degustación de lenguaje. Guionistas, al fin y al cabo.
Cada día, desayunaba sus expresiones, las palabras llenaban de azúcar mi sangre y yo así, funcionaba mejor, volaba más alto. Aquello era una degustación de lenguaje. Guionistas, al fin y al cabo.
17 Cuentos | ¡Escribe un cuento! (Deja un comentario)